De Repente, Humano.

No me preguntes que era antes. No sabría responderte. Sé que estaba vivo, y era consciente de cuanto me rodeaba, quizá incluso más que ahora. De hecho, es lo único que tengo claro. Era distinto. Recorría el mundo libre de las ataduras que impone un cuerpo físico. Era un ser etéreo, insustancial… ¿superior? No lo sé. ¿Feliz? Tampoco lo sé. Solo diferente. No creo que esos términos me fueran conocidos y mucho menos aplicables por aquel entonces. Sé que no puedes entenderme, pero quiero que comprendas que siendo así mi existencia estaba completa. Después, apareció ella. No la elegí. Ni tampoco puedo darte ninguna razón de porque no me había pasado antes. Solo sé que apareció de repente, como la luz que entra sin permiso al abrir una ventana y te ilumina los rincones más oscuros de la habitación. Así llegó. Sin avisar y cambiando para siempre mi modo de ver el mundo. La primera vez que la vi, caminaba entre la multitud con el aliento saliendo de su boca por el frío y encogiéndose debajo de su abrigo. Era una mujer humana. Física, mortal, tangible. No tenía nada especial y sin embargo lo tenía todo. Estaba embelesado. Yo, que había visto la furia de mares encrespados, las estrellas reflejadas en lagos de hielo que nadie había pisado, a animales desconocidos destrozarse en furiosas batallas… Todo era exiguo, nimio, nada comparado con el tono enrojecido de su piel y el océano que veía en sus ojos. Entonces sentí mi primera emoción. No sé como describirla. Dolor, placer, angustia… todo a la vez. Fue el primer paso, pero ni siquiera fui consciente. Solo sabía que no podía separarme de ella. Desde aquel instante la seguí a todas partes y disfruté cada segundo. Me maravillaba verla ocuparse de las trivialidades de su trabajo, mirando como su rostro reflejaba pensamientos con pequeñas muecas, como se movía y variaba su lenguaje corporal según con quien se comunicara. Cada movimiento, cada palabra, eran para mí un espectáculo sublime que no dejaba de fascinarme. Poco a poco, me adentré en su vida y cuanto más lo hacía, más la amaba. Sí, la amaba. Entonces no conocía esa palabra. Nunca me había echo falta etiquetar una sensación. Parecía que todo mi ser quisiese salir de mí a borbotones y fundirme con ella, solo ella, en todas partes ella, como si ya no existiera un mundo, ni un pasado ni un futuro. Solo ella. Entonces, aquella noche, mientras contemplaba hechizado la inconmensurable belleza de su sueño, me di cuenta de algo terrible. No podía tocarla. Había intentado acariciarla, deslizarme entre su pelo y sentir aquella respiración rítmica y tranquila sobre mí, pero no podía. Mi naturaleza insustancial hacía que no pudiese sentirla físicamente. Aquello me sobrecogió. Estaba allí, tan cerca, a mi lado. Podía oírla reír, hablar, respirar, tan real que podía incluso imaginar como sería deslizar unos dedos por su piel desnuda, pero aquella imaginación tan vívida a la hora de provocar mi angustia, era patéticamente inútil a la hora de satisfacerla. Un caudal de sensaciones nuevas se apoderó de mí. Por primera vez conocí la desesperación, el miedo… sensaciones distintas a cualquier otra que hubiera sentido antes. Lo intente todo. Cuanto sabía o creía saber para acercarme a ella, a su condición, a su mortalidad. De pronto empecé a preguntarme que era yo, de dónde venía, y sobre todo porqué no era como ella. Preguntas que nunca me había echo y a las que por supuesto, no pude responder. Desesperado decidí marcharme. Estaba decidido a recorrer el mundo en busca de una solución. Quería ser como ella, quería estar con ella, a cualquier precio. Encontraría la manera de estar con aquella mujer. Con esto en mente, la miré por última vez y partí prometiéndole con mi lenguaje de silencio que volvería. Todo cuanto hice después resulta muy difícil de explicar en vuestros términos. Baste decir que tras cierto tiempo de búsqueda acabé encontrando una manera. La única posible. Supe como convertirme en ser humano. Por supuesto, volví a su lado tan rápido como mi ya temporal condición etérea me permitía, agotando los últimos momentos de aquella naturaleza y ansioso por comenzar una nueva existencia encarnado a su lado. Pensar en ella, en como sería tocarla y mirarla a los ojos sabiendo que su mirada era para mí, me hizo sentir durante aquellos breves momentos otra sensación desconocida: felicidad. Y con esa ilusión instalada en mi ánimo volví a su apartamento. Estaba vacío. Ella parecía no estar allí. Mientras la buscaba me movía entre sus cosas sintiendo su presencia en todas partes. Sus muebles, sus libros, incluso los peces que cuidaba. Todo formaba parte de ella y la devolvía a mis pensamientos. Aun no podía tocar esas cosas pero poco a poco empezaba a sentir mi nuevo corazón humano latiendo ansioso por convertirse en realidad. Entonces la vi. No estaba sola, había otro que la tocaba, que la acariciaba y deslizaba sus dedos por su cuerpo desnudo. Y ella reía con la respiración entrecortada entre beso y beso, tan feliz como ignorante de mi presencia en su vida. No me quería, no me necesitaba…no existía. La realidad me golpeó como un puño de hierro y sólo recuerdo que mi primer acto como un ser físico fue un horrible grito que retumbó en las paredes de su apartamento. Las emociones me desbordaban, el latido de mi recién nacido corazón se convirtió en un golpeteo macabro y con el cuerpo materializándose a la realidad tridimensional, sentí que caía. Mis sentidos eran un enjambre de sensaciones confusas y de pronto tuve mi primer contacto físico. Era el pavimento de una acera, frío y mojado por la débil llovizna que estaba cayendo. Yo estaba sobre él, desnudo, encogido, recién nacido a este mundo de sensaciones que me superaban. Es difícil describir como me sentía, todo era nuevo y todo era espantoso. Ahora se que estaba muerto de frío, empapado, pero entonces no podía distinguir esas sensaciones del dolor que descargaba mi alma cuando pensaba en ella. Yo que había soñado con su tacto calido y su mirada acogedora, había conseguido el frío del cemento y las miradas de desprecio de la gente cuando pasaba. Estaba hecho, mi viaje se había completado, por fin, era humano. Las siguientes horas pasaron como un borrón del que apenas recuerdo nada. Esperaba que ocurriera algo que eliminara todas aquellas sensaciones y que acabara por hacer soportable mi nuevo estado, pero no fue así. Miraba a la gente mientras pasaban indiferentes a mí alrededor y me preguntaba como lo soportaban. Altivos, orgullosos, invulnerables a aquel estado de confusión y dolor en el que yo me encontraba. ¿De verdad era como ellos? tenían que ser mucho más poderosos que yo para soportar aquello. Pasaron las horas y llegó la noche y tras ella el nuevo día, mientras yo seguía allí en aquella acera a los pies de su casa, buscando un sentido a mi nueva existencia. De pronto la vi salir. Estaba sola y era tan real, tan cercana, que pensé que al fin podía tocarla y que al hacerlo el dolor y el sufrimiento se desvanecerían como el humo en el aire. Me acerqué tambaleante, sorprendido por las sensaciones que me producía andar por primera vez, pero antes de poder rozarla me vio y dio un paso atrás. - Apártate o llamo a la policía. –Dijo asustada. Y aceleró el paso y desapareciendo entre la multitud, dejándome como siempre había estado. Solo. Completamente solo, pero por primera vez consciente de mi estupidez y de los errores que había cometido. A partir de entonces encamine mis esfuerzos a intentar acostumbrarme a mi nuevo cuerpo. La parte física fue fácil. Ropa, comida, calor… poco a poco conseguí hacerme con todo ello y hacer mi existencia más confortable, pero no conseguía deshacerme de aquellos sentimientos. No podía soportarlos. Yo debería haber sido fuerte, mi nuevo cuerpo estaba sano y mi mente conservaba conocimientos de mi anterior vida que me daban ventaja sobre el resto. Pero aun así era débil. Ella seguía dentro de mí, y con ella el dolor de su indiferencia, mi caída, mi perdida. Decidí que tenia que eliminar los sentimientos, sólo hacerlos desaparecer y volvería a ser feliz, quizá no como antes, pero feliz. Y lo intenté, te juro que lo intenté. Al principio pensé que lo había conseguido, por un breve período llegué a pensar que me había desecho de las emociones y me había convertido en un ser autosuficiente e inmune al dolor. No sabes lo equivocado que estaba, como me engañaba a mi mismo enterrando mi sufrimiento bajo capas y más capas de falsa indiferencia cada vez que veía a alguien ser amado o ser amante, y por tanto recordándome cómo podría haber sido mi existencia mortal, ahora tan vacía y carente de sentido. Pronto no pude seguir mintiéndome y recuperé la consciencia de mi dolor y de mi vulnerabilidad, pero había aprendido algo en aquel proceso, algo fundamental; El sufrimiento que me producía haberla perdido formaba parte de mí, y más aun, lo reclamaba. Exigía que formara parte de mi vida. No solo era lo único que me quedaba de ella, sino que era la demostración de que yo era capaz de amar y que aunque hubiera sido por poco tiempo, alguien había despertado el mejor lado de mí mismo. Un yo que jamás había conocido antes y que sin ella, quizá nunca hubiese visto. Aquel pensamiento me hizo más feliz. Era una felicidad tibia, con regusto amargo, pero algo en esa idea me hacía fuerte y me devolvía la paz conmigo mismo. Entonces empecé a entenderos. Ya no os veía como seres indiferentes, por fin veía más allá de la carcasa en la que camináis y podía percibir el colorido torrente de emociones que os recorren. Humanos. Llenos de miedo, esperanza, dolor, ilusión… capaces de las más grandes gestas y de las aberraciones más terribles, una especie que mira al cielo posada sobre el fango. ¡Qué grandes sois, siendo tan pequeños! Creo que fue en ese momento cuando aprendí a caminar entre vosotros, y aun hoy sigo aprendiendo. En cuanto a ella, sigue estando en mi corazón y también en mi día a día. He empezado a conocerla y ahora sé que le gusta la pizza cuatro estaciones, cotillear con las amigas, llorar con las películas románticas…. Sé que le han hecho daño muchas veces y que pese a ello alberga un alma llena de esperanza. Y aunque sigo siendo invisible para sus sentimientos más fuertes, he conseguido que me llame amigo, y que sonría cuando me ve, incluso a veces me permito soñar con que le gusta pasar tiempo conmigo. No sé si estos sueños son reales o simplemente nuevas ilusiones de un torpe transeúnte de esta existencia. El futuro se presenta con una espesa niebla fuente de miedos y esperanzas. Una niebla en la que espero ansioso adentrarme esperando descubrir sus misterios. Antonio Monfort Gasulla


comentaris
2 - Silvia;
13 d'octubre de 2008, 13.40 h
Me ha gustado mucho.

1 - Antonio Monfort;
29 d'octubre de 2008, 10.12 h
Hola a todos,

Quería expresar públicamente mi agradecimiento a todas aquellas personas que han leído los relatos del blog de Serret y han dejado sus comentarios. Para nosotros, los autores, es fántastico poder recibir las impresiones de la gente que nos lee y saber lo que ha gustado, o no, de nuestros relatos.
Agradecer también a la gente que ha hecho posible "MADERA DE BLOG" y de un modo especial a aquellos que han comprado y leído el recopilatorio, consiguiendo que haya sido un exito... Llegir més



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